sexta-feira, 31 de julho de 2009

MISSÃO IMPOSSÍVEL

faz tempo que deixei de lutar por causas perdidas
tá me achando com cara de quê?
tô atrás das impossíveis, meu amigo
daquilo que ninguém mais bota fé

segunda-feira, 27 de julho de 2009

OS DO LADO DE FORA



retinas avulsas coladas do lado de fora de minhas janelas
vigiam meu túmulo escondido
alcanço num pulo, me fecho e apago todas as velas
acabo com a festa
os olhos invadem a mínima brecha
e atingem num susto o fim do meu pensamento

Nunca Antes Visto


por Marcelo Reyes Aravena

Anoche me fui de parranda acá en Boa Vista (RR) y salí a tomar con mi amigo M… La idea era salir en busca de un par de chicas para pasar la noche y, en fin, aventurar un poco. Recorrimos varios bares y departimos con simpáticas mujeres roraimenses. Algunas eran bastante coquetas y osadas, sin embargo, como lo advirtió M… sólo buscaban pilotos y hombres con algo de dinero para invitarles una cerveza. Tal parece que todas iban a una gran fiesta de Forró (uno de los bailes más popular de Brasil) y buscaban a alguien que las invitara y le pagara la entrada. Mi socio, algo más experimentado que yo en esas lides, y que además jugaba de local, lo advirtió a tiempo y me dijo: "esta noche será de la caza, no del cazador". - "busquemos otro bar, entonces" y me llevó al Malicias.

Sólo el aspecto de la entrada bastaba para darse cuenta la clase de lugar que era. El barrio y la calle eran bastante marginales y en la puerta se veían un montón de chicas (al menos eso parecían desde lejos) de ropas cortas y ademanes desenvueltos. Al llegar, un negro con pinta de matón nos pidió el valor de la entrada, un solo real.

Franqueada la puerta, el antro se abrió ante nuestra vista: el "Infiernillo". Era bastante amplio y, por supuesto, estaba en penumbras, pese a lo cual se advertía una gran calidad de parroquianos y otra buena cantidad de chicas animando la fiesta. También había música, el escenario y una mujer bailando sobre él.

Nuestra primera impresión de la artista no fue impactante. Bailaba suavemente y estaba más vestida de lo habitual para estos casos. Sin embargo, el ritmo de la música se fue acelerando cada vez más y con él, la danza de esta muchacha, que ganó en agilidad y sensualidad. Era una negra de cuerpo robusto y fuerte. Tal vez no tan espectacular, pero se le notaba el vigor que comenzó a lucir en su baile. Se subía al típico fierro que todos los toples tienen sobre el escenario y se descolgaba de él con la agilidad de los acróbatas circenses. De hecho, su rutina me recordó la de algunas chicas que he visto en escuelas de circo.

De a poco fue quitándose la ropa hasta quedar completamente desnuda. En el intertanto, hacía pausas para beber cervezas y coquetear con los espectadores más cercanos a ella. En un momento climático, vino lo sorprendente: en un rincón del escenario la vi encender un cigarro, pero algo me llamó la atención. El tamaño de la llama era considerablemente mayor que el normal. El misterio se aclaró cuando vi que eran dos. "Al menos es cortés", pensé, imaginando que uno de ellos era para su "novio". Pero no, ambos eran para ella. Después de unos repetidos pasos de baile se tendió en el suelo y elongó sus piernas lo más posible. Entonces, introdujo uno de los cigarros por su vagina y otro por el chiquitín Humberto, de modo que de su entrepiernas se veían dos luciérnagas o dos ojos luminosos que miraban desde donde no había un rostro.

Las luces bajaron aún más y ella retomó su danza, que aumentó extraordinariamente de ritmo y cadencia. Yo seguía como hipnotizado el fulgor de esas dos pequeñas e increíbles luces que subían, bajaban y temblaban al ritmo de sus caderas. Ignoro cuanto tiempo duró la magia, pero fue suficiente como para que se produjera un silencio entre mi socio y yo, que se rompió sólo cuando la odalisca frenó su danza y tendida en el suelo, ofreció los dos cigarros a un tipo que era quien más ganas le tenía. Nuestra cara se llenó de estupor y risa cuando vimos que el tipo, sin ninguna consideración hacia el lugar de donde provenían, se puso ambos cigarros en la boca y aspiró profundamente, dando muestras de aprecio considerable.

"Nunca había visto algo como esto" fue el comentario que al unísono hicimos con mi socio, una vez que se nos cortó el ataque de risa.

Al poco rato, la protagonista, sudorosa y desnuda, se acercó a la barra y a la mesa en la que estábamos. Por eso pudimos oír claramente su comentario final:

- “O cara que fumou, morreu![1]”.

Huelgan comentarios.

Pasadas las contorsiones de risa, bebimos nuestras cervezas y ya comenzando el amanecer del nuevo día, nos volvimos a casa. Si bien es cierto la noche fue de la caza, al menos los cazadores se retiraban bastante ebrios y muertos de la risa, evocando la aventura y la imagen inolvidable de aquel fumador empedernido y tan despreocupado de su salud.


[1] “El tipo que fumó, murió”